LA OMNIPRESENCIA DE DIOS.
ESTÁ CERCANO DIOS?
La Cercanía de Dios.
(Éxodo 33:1-16; 34:8-10; Deuteronomio 4:1-7)
Introducción
“Pocas verdades se enseñan en las Escrituras con más claridad que la doctrina de la omnipresencia divina. Aquellos pasajes que apoyan esta verdad, son tan claras que requerirían un esfuerzo considerable para comprenderlos. Declaran que Dios es inminente en Su creación, que no existe lugar en el cielo, en la tierra o en el infierno donde el hombre pueda esconderse de Su presencia. Enseñan que Dios está al mismo tiempo, lejos y cerca y que en Él los hombres se mueven, viven y tienen su ser”.
¿DESAFIARON los cristianos que creen en la Biblia, la verdad que Dios es omnipresente? Y me temo que aún cuando creemos que esta doctrina es verdad en las Escrituras, no la vemos tan verdadera en nuestra vida; una verdad que se aplica a nuestra forma de vida. ¡Pero afecta nuestra vida diaria! He considerado el tema de la omnipresencia de Dios, como “La Cercanía de Dios”, pues como veremos pronto, la cercanía de Dios es una de las máximas aspiraciones del cristiano —el bien más grande. Esta verdad impacta enormemente nuestras actitudes y acciones. Consideremos entonces, la cercanía de Dios, la presencia constante de Dios en nuestras vidas.
1- La Caída del Hombre: La Cercanía Perdida
(Génesis 3:6-10)
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y el árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire de día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:6-10).
Pareciera ser que antes de la caída de Adán y Eva, ellos gozaban del privilegio de disfrutar una íntima relación y comunión con Dios. Desde el versículo 8, podemos inferir que Dios caminaba diariamente por el jardín y que Adán y Eva disfrutaban de ese momento con Él. Pero cuando eligieron confiar en el diablo en vez de Dios y desobedecer el mandato de Dios, pecaron. Su pecado originó la separación de Dios y temerle. Se escondieron de Él. El pecado da como resultado una separación de Dios:
2- El Éxodo y la Cercanía de Dios.
El éxodo no fue sólo esa época cuando Dios liberó a los israelitas cautivos de su esclavitud de Egipto. Fue una época en la que Dios mismo se apartó de todos los demás ‘dioses’ (especialmente de los dioses de Egipto) y en la que apartó a los israelitas de los egipcios (Éxodo 9:4-6; 11:7). Dios separó a Su pueblo Israel de los egipcios, por medio de las plagas; pero más importante aún, distinguió a Israel por Su presencia:
“Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” (Éxodo 33:15-16).
“Porque, ¡qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?” (Deuteronomio 4:7).
Y así fue que Dios estuvo cerca de Su pueblo Israel. El gran dilema fue que los israelitas eran un pueblo testarudo y pecador. Su presencia como un Dios santo, se convertiría en algo peligroso porque Su santidad requería estar cerca del pecado:
3- La Cercanía de Dios en los Salmos y en los Profetas.
A pesar de la distancia que debían mantener los israelitas de su Dios bajo la Ley, el pueblo de Dios esperaba un día en el futuro en el que pudieran sostener una comunión íntima con Él. Esto estaba simbólicamente representado por una comida, anticipada por primera vez en el Éxodo y de lo cual después frecuentemente narrado en los Salmos:
“Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron” (Éxodo 24:9-11).
“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Salmo 23:5-6).
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4).
4- La Cercanía de Dios en los Evangelios.
Dios se acercó a los hombres, en la encarnación. Jehová se acercó para salvar a Su pueblo en la persona del Señor Jesucristo. En cumplimiento de la profecía de Isaías 7:14, Su nombre era EMMANUEL, cuyo significado es: ‘Dios con nosotros’ (Mateo 1:23). Los escritores del Nuevo Testamento, dejaron claramente establecido que Jesús era Dios que se acercó a salvar (ver Marcos 5:17; Lucas 4:28-29). En la cruz del Calvario, la multitud gritó: “¡Fuera con éste...!”. Se sentían más cómodos con un asesino que con el Príncipe de la Vida (Lucas 23:18).
5- La Cercanía de Dios en las Epístolas.
El escritor de la epístola a los Hebreos, es el que establece la gran superioridad de la obra de Cristo en los sacrificios del Antiguo Testamento. El sistema del Antiguo Testamento no podía remover el pecado del hombre, haciéndole apropiado para entrar en la presencia del Dios santo. Es la sangre derramada de Jesucristo la que provee el perdón de los pecados permitiendo que el hombre entre a la presencia de Dios con confianza:
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16; énfasis del autor).
“…(pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios” (Hebreos 7:19; énfasis del autor).
“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25; énfasis del autor).
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (Hebreos 10:1; énfasis del autor).
6- LA CERCANÍA COMO META FINAL
El cielo no es tanto el lugar donde los santos se complacen a sí mismos en las bendiciones de Dios, sino que el lugar donde los santos se gozan de la presencia de Dios:
“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:2-3).
“Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:3-5)
El infierno, por otra parte, es el lugar donde los hombres están eternamente separados de la presencia de Dios:
“Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad” (Isaías 2:10).
Conclusión.
LO QUE IMPLICA LA CERCANÍA DE DIOS.
Primero, me gustaría hacerles una pregunta que les animo a CONTESTAR honestamente en vuestro corazón y alma: ¿Creen que la cercanía de Dios es su mejor bien? Si no es así, están siguiendo una meta que es menos que buena. Moisés fue un hombre que tuvo la relación más íntima con Dios entre todos los israelitas (ver Éxodo 33:11) y aún así, no se sentía feliz. Deseaba conocer a Dios aún más íntimamente, estar incluso más cerca de Él (ver Éxodo 33:17-18). Examinemos nuestros corazones para ver si deseamos estar cerca de Él. Si no tenemos el deseo de estar cerca de Él, no debe sorprendernos el no tener anhelo por el cielo. Si no deseamos la cercanía de Dios, nuestros deseos están —al menos— distorsionados y probablemente son destructivos.
Segundo, permítanme formularnos otra pregunta: Asumiendo que desean la cercanía de Dios acerca de la cual nos habla la Biblia, ¿en este momento, sienten la cercanía de Dios? Si no es así, el problema es en realidad muy simple —el pecado. El pecado separa a los hombres de Dios. Puede ser que no esté gozando la cercanía de Dios porque es un pecador perdido, condenado a la eterna separación de Dios, separado de Su gracia. En Jesucristo, Dios se acerca a los hombres para revelarse a Sí mismo y para proveer un medio por el cual se puede subsanar el problema del pecado y se puede restablecer la comunión entre Él y los hombres. Él, el Hijo de Dios sin pecado, cargó el castigo del pecado; el castigo por sus pecados. Al recibir el don divino del perdón y de la vida eterna en Cristo, puede usted llegar a ser hijo de Dios y disfrutar por toda la eternidad la bendición de estar cerca del corazón de Dios.
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